Provincia Nuestra Señora de la Anunciación


Responsable de Pastoral Vocacional: Hta Flor María Martínez.
Email:flormaria0478@yahoo.com Medellin

ALMA INQUIETA Y CORAZÓN FELIZ

Cuando Dios me llamó, no, me prometió tranquilidad;
No me prometió que resolvería todos mis problemas;
No me dijo que a partir de entonces mi vida sería más fácil;
No me aseguró la felicidad a precio módico;
No me dijo que solucionaría todos mis embrollos;
No se ofreció para corregir todos mis defectos;
No dijo que aplastaría a todos mis enemigos;
No habló de ahorrarme humillaciones;
No me aseguró que me libraría de las tentaciones;
Y no hubo en ningún momento la promesa
de que yo no probaría el cáliz de la amargura.
Lo que me dijo fue: ¡VEN Y SÍGUEME!

Si yo impusiese condiciones, habría dicho:
¡ERES LIBRE! ¡LA DECISIÓN ES TUYA!

Yo respondí que lo seguiría.
Por lo tanto no espero que Dios haga por mí, lo que yo debo hacer.
No espero que Dios me recompense con plenitud
por algo que, en primer lugar, es mi deber realizar.

Soy un siervo inútil.
El Padre recompensa a quien quiere y con cuanto quiere.
A mí me cabe servirlo.
Sólo espero que Dios me acepte como he sido hasta hoy:
una persona de alma inquieta pero de corazón feliz”
¿No es esto lo que significa ser llamado?...

(Padre Zezinho

 

PARA REFLEXIONAR

(Tomado de los escritos del Padre Alberto Hurtado)

EL LLAMADO DE DIOS


“Hay grupos selectos de almas escogidas que buscan a Dios con toda su alma y cuya voluntad es el supremo anhelo de sus vidas. Y cuando lo han hallado, su vida descansa como en una roca inconmovible; su espíritu reposa en la paternidad divina, como el niño en los brazos de su madre (cf.

Sal 130). Cuando Dios ha sido hallado, el espíritu comprende que lo único grande que existe es Él. Frente a Dios, todo se desvanece: cuanto a Dios no interesa se hace indiferente. Las decisiones realmente importantes y definitivas son las que yacen en Él.
Al que ha encontrado a Dios acontece lo que al que ama por primera vez: corre, vuela, se siente transportado; todas sus dudas están en la superficie, en lo hondo de su ser reina la paz. No le importa ni mucho ni poco cuál sea su situación, ni si escucha o no sus preces. Lo único importante es: Dios está presente. Dios es Dios. Ante este hecho, calla su corazón y reposa.
En el alma de este repatriado hay dolor y felicidad al mismo tiempo. Dios es a la vez su paz y su inquietud. En Él descansa, pero no puede permanecer un momento inmóvil. Tiene que descansar andando; tiene que guarecerse en la inquietud. Cada día se alza Dios ante él como un llamado, como un deber, como dicha próxima no alcanzada.

El que halla a Dios se siente buscado por Dios, como perseguido por Él, y en Él descansa, como en un vasto y tibio mar. Esta búsqueda de Dios sólo es posible en esta vida, y esta vida sólo toma sentido por esa misma búsqueda. Dios aparece siempre y en todas partes, y en ningún lado se le haya. Lo oímos en las crujientes olas, y sin embargo calla. En todas partes nos sale al encuentro y nunca podremos captarlo; pero un día cesará la búsqueda y será el definitivo encuentro. Cuando hemos hallado a Dios, todos los bienes de este mundo están hallados y poseídos.
El llamado de Dios, que es el hilo conductor de una existencia sana y santa, no es otra cosa que el canto que desde las colinas eternas desciende dulce y rugiente, melodioso y cortante. Llegará un día en que veremos que Dios fue la canción que meció nuestras vidas. ¡Señor, haznos dignos de escuchar ese llamado y de seguirlo fielmente!”.

 

PARA SEGUIR AL SEÑOR SE NECESITA SER MUY VALIENTE

Para el seguimiento de Jesús en nuestros tiempos una de las trampas más significativas que encuentran los jóvenes  es el miedo.
No es difícil encontrar a quienes ven con claridad la posibilidad de entregar su vida al servicio del Evangelio, que quieren gastar sus energías con los pobres, los marginados, con gente ignorada por los intereses de nuestras sociedades. Pero cuán difícil les resulta dar el paso definitivo. Todo como consecuencia de los intereses que la sociedad presenta que alimenta el egocentrismo, la individualidad, el pensar sólo en el bienestar personal, el apoyarnos en las falsas seguridades que no garantizan la alegría ni la paz.


Se comprende que los jóvenes encuentren estas dificultades para arriesgar toda la vida en una empresa que no promete grandes réditos. Es lógico que les asuste el tener que decir “Si” para siempre, porque están rodeados de experiencias y de personas que afirman que la verdadera felicidad es inmediata y pasajera. Las dudas, los temores al riesgo; emergen nuestro “peros” cuando el Señor pasa por nuestra vida y nos dice: “Ven y Sígueme”
Les sucede lo mismo que al joven rico del Evangelio: busca la perfección, lo tiene todo, pero le falta algo más y prefiere alejarse de Jesús y quedarse con sus riquezas, aunque estas le den sólo tristeza. (Mc 10, 17-22)
Ahora bien, el miedo se vence con la confianza. Cuando se cree y se confía, entonces no hay lugar para el temor, al contrario, el encuentro con Jesús que llama, invita a la paz y a la profunda alegría. Nada de tristezas, melancolías o miedos esclavizantes.
Si Jesús llama a alguien para que lo siga podemos estar seguros de que también busca su felicidad y en ningún momento su sufrimiento o angustia.

 

 Queridos jóvenes:


Nada de miedos; el Señor va con nosotros, El está a nuestro lado para darnos fuerzas a fin de ser fieles hasta el final.